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AMLO y el otro 5 de febrero

constitucion-de-1857

Ismael Carvallo Robledo

Uno de los acontecimientos que sin duda alguna marcó la simbología de la dialéctica política nacional de 2023 fue la torpe descortesía protocolaria que la ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la nación, Norma Piña, tuvo hacia el presidente López Obrador cuando en la conmemoración del 106 aniversario de la Constitución de 1917 de Querétaro no se levantó de su asiento a su llegada al presidium. Se trató del símbolo inequívoco, en efecto, del hecho de que el fundamento del antagonismo estructural de la política nacional pasa sólo nominalmente (fenoménicamente, en la apariencia) por el sistema de partidos, pero lo hace esencialmente (ontológicamente) por la división de poderes, fundamentalmente entre el Ejecutivo y el Judicial teniendo al Legislativo como caja de resonancia política en la configuración de una dialéctica entre un Estado de Derecho Oligárquico y Corrupto por un lado, y un Estado de Democracia Populista Instituyente de un Nuevo Orden (Gramsci) por el otro.

Pues bien: parece evidente que el presidente no va a darles el gusto otra vez a sus conservadoras altezas serenísimas de la Suprema Corte para que a su obtusa y gris representante se le pueda volver a ocurrir el mismo numerito de desairarlo, y ha decidido no asistir a lo que sería su última participación como jefe del Estado mexicano a la conmemoración 107 de nuestro constituyente el próximo 5 de febrero en Querétaro, según anunció la semana pasada en una de sus mañaneras.

Pero no se trata nada más de que no asistirá a la conmemoración de la del 17, sino que Presidencia de la República organizará una conmemoración en Palacio Nacional del otro 5 de febrero, a saber, el de 1857 cuando se promulgó la Constitución de la Reforma y que fue de hecho la base ideológica de la del diecisiete así como su referencia calendárica, en el sentido de que si celebramos el 5 de febrero como Día de la Constitución es por la del constituyente de Querétaro, en efecto, pero que a su vez se rubricó el mismo día de la promulgación de la del 57, en un ejercicio similar a aquél según el cual los partidos socialistas europeos y americanos se fundaron más o menos alrededor de 1889 en el correspondiente centenario de la revolución francesa de 1789.

Lo que estaría significando AMLO con este mensaje es lo que en otros lados he planteado, en el sentido de que la base matricial de la dialéctica integral establecida por AMLO y la Cuarta Transformación es la que quedó establecida en el período de la Guerra de Reforma (o 2T):

‘En todo caso –escribí el año pasado en El Heraldo de México–, no tengo duda de que el momento histórico con el que mejor podríamos hacer una analogía para comprender la trascendencia política de lo que hoy ocurre en México es el de la Reforma. El propio presidente, además de evocar a Juárez como su inspiración fundamental, ha situado las coordenadas de la discusión pública de la nación en la matriz ampliada del siglo XIX (sobre todo en función del antagonismo conservadores-liberales) para interpretar el proceso que gravita alrededor suyo, y que sólo desde la ignorancia histórica es posible que alguien pueda sorprenderse.

Recuerdo a este respecto que una chica que me atendió hace años en un café me dijo que estaba leyendo Noticias del Imperio de Fernando del Paso, diciéndome con emoción y madurez histórica “¡Andrés Manuel es Juárez!”. Para eso sirve tanto la historia como la gran literatura: para madurar y tener perspectiva de las cosas.

En ese sentido, es Emilio Rabasa (La constitución y la dictadura, 1912) el que nos da algunas claves para una analogía entre aquella gesta heroica y la actual configuración política de México: “El partido moderado estaba entre el conservador que era fanático, resueltamente clerical, enemigo de las ideas democráticas, y hasta monarquista, y el liberal puro que pedía una constitución fundada en la soberanía popular, gobierno federado, supremacía del poder civil sobre la Iglesia y reforma social… El gran hombre fue Juárez. Presintió los acontecimientos que en la incubación del pasado tenían una vida latente, pronta a convertirse en fuerza y en acción, y para dominarlos, comenzó por obedecer a la necesidad que había de producirlos.’

En el mensaje aludido, el presidente López Obrador hizo mención de que, además de organizar el festejo del “otro 5 de Febrero” en Palacio Nacional, presentará ese día también todas las iniciativas de reforma a la Constitución: será un paquete de reformas que ‘tienen que ver –explicó– con el bienestar, con salarios, pensiones, con la reforma al Poder Judicial, la reforma electoral, la democracia, todo’, cuestión que nos permite vislumbrar un escenario de envergadura histórica para el último festejo de la Constitución nacional por parte de AMLO y el reforzamiento del objetivo estratégico para los efectos de continuidad de la 4T, que es el logro de la mayoría calificada en el Congreso de la Unión (el Plan C) en tanto que caja de resonancia, en efecto, de la dialéctica política esencial de la nación, y para así lograr que las fuerzas conservadoras del privilegio y la corrupción oligárquica sean desbancadas de sus posiciones de poder para permitir que continue el flujo de regeneración nacional y de democracia instituyente de México.

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